Cinco sencillos trucos para que tu cuerpo te pida comida saludable y no chatarras.
Comer delante de un espejo, rodearte de frutas y verduras u optar por ese menú saludable que cuesta un poquito más que la comida rápida, te ayudarán a eliminar de tu dieta los alimentos grasos y altos en calorías.
1. Rodéate de comida sana. Un estudio publicado en la revista Appetite explicaba por qué los japoneses sienten devoción por el pescado crudo y los franceses por los caracoles.
Alimentos que a simple vista pueden dar cierto repelús con los que
podemos familiarizarnos si están presentes en nuestro entorno a menudo.
Si llenas tu despensa y te rodeas de fruteros, verduras frescas, pastas
de trigo integral, pescados o legumbres y evitas tener delante esa
tentativa caja de Donettes, tu cuerpo te pedirá lo que ya conoce y sabe
que le sienta bien.
2. Supera los traumas de la infancia. ¿Eres el
típico “delicado con la comida” que repudia las coles de Bruselas o el
hígado porque cuando eras pequeño los aborrecías? Madura.
Cierto que cuando somos pequeños nuestras papilas gustativas son más
sensibles a los sabores amargos propios de muchos alimentos saludables,
pero una vez pasados los 10 años puede que ya no te resulten tan
asquerosos e incluso sepas apreciar sus exquisitos sabores y texturas.
Por lo menos, anímate a probarlos y comprueba si de verdad te dan “tanto
asco”.
3. Come delante de un espejo. Un sencillo truco avalado por científicos de la Universidad de Cornell. Por lo visto, según explicaban en su investigación,
colocar un espejo en la zona en la que habitualmente comemos puede
ayudar a saciar nuestro apetito ya que observar nuestro reflejo mientras
comemos, reduce significativamente el consumo de alimentos poco
saludables y hace que parezcan mucho menos apetitosos que los
grasientos. Nos gusta vernos comer sano, y si lo hacemos a menudo
acabaremos acostumbrándonos.
4. Asegúrate de que tienes hambre. ¿De verdad estás hambriento
o es simple y llano aburrimiento? Si somos capaces de esperar a tener
auténtico apetito nuestro estómago rugirá tanto que estará mucho más
dispuesto a que le echemos un buen plato de verduras sin demandar
gordadas.
Ojo, que la ciencia ha demostrado que también puede ser que tengas
sed en lugar de gula, así que antes de hacer una excursión a la nevera
prueba a beber algo y deja pasar unos minutos.
5. Dale a los alimentos más caros. Un estudio publicado en la revista Journal of Sensory Studies demostró que las personas que se gastaban más de 8 dólares en comer se sentían más satisfechos que quienes escogían alimentos low cost, pese a que ambos menús contenían los mismos alimentos.
¿El motivo? Tendemos a pensar que los productos más baratos son de
peor calidad. No sólo eso, al ahorrarnos un dinero dejamos abierta la
puerta a poder gastar un poco más y terminamos por aumentar las
cantidades de comida que consumimos.

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